En la actualidad, reducir la huella de carbono en las empresas se ha convertido en una prioridad esencial para asegurar un futuro sostenible. No obstante, en 2022, solo el 40% de las empresas en España se habían comprometido a disminuir sus emisiones de carbono, según datos del Pacto Mundial de Naciones Unidas. Esta cifra resulta preocupante si se considera que la falta de acción o una acción insuficiente en la descarbonización puede llevar al planeta a un incremento de la temperatura global de 2,6ºC durante este siglo. Por ello, es urgente que se lleve a cabo una transformación significativa, especialmente en sectores como el energético, industrial, de transportes, construcción, alimentario y financiero.
La creciente disponibilidad de datos sobre las acciones climáticas del sector privado destaca la necesidad de incrementar la ambición en esta área. A pesar de que un 58% de las empresas consultadas por la Consulta del Pacto Mundial de la ONU cuenta con una política ambiental, solo el 41% implementa medidas efectivas al respecto. ¿Está su organización entre ellas? Si no es así, continúe leyendo para conocer unas pautas útiles para medir su huella de carbono, establecer objetivos de sostenibilidad y medir sus resultados.
Elementos básicos para entender el impacto de la huella de carbono en las empresas
Entre los diversos gases de efecto invernadero (GEI), el dióxido de carbono (CO2) es el que tiene un impacto más duradero. De hecho, permanece en la atmósfera durante siglos y aún más tiempo en los océanos. Otros GEI significativos por su duración y efectos negativos son el metano y el óxido nitroso. Desde 1990 hasta 2019, estos gases han contribuido a un incremento del 43% en el forzamiento radiativo total, que es la diferencia entre la radiación solar que la Tierra absorbe y la que libera de retorno a la atmósfera, lo que a su vez eleva las temperaturas globales.
Ciertamente, el CO2 ha sido responsable del 80% de este aumento en el forzamiento radiativo, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Este gas es el principal GEI de larga duración y está estrechamente relacionado con nuestras actividades humanas. En el período de 2017 a 2018, se registró un nuevo récord de emisiones de GEI, alcanzando el CO2 las 407.8 partes por millón (ppm), asegura la OMM.
En concreto, la huella de carbono es una métrica crítica que cuantifica todas las emisiones de GEI generadas directa e indirectamente por una persona, grupo, organización, empresa y hasta por un producto o servicio específico. Esta huella se mide en términos de masa de CO2 equivalente (CO2e). Esto se debe a que el CO2 es el gas más abundante entre los GEI y sirve como referencia para medir otros gases.
En particular, conocer la huella de carbono en las empresas es fundamental para entender cómo los GEI impulsan el calentamiento global y la aceleración del cambio climático. Esta métrica resulta decisiva para la implementación de políticas y medidas locales y mundiales. Un ejemplo es el Acuerdo de París (2016), resultado de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Pautas para reducir la huella de carbono en las empresas
Reducir la huella de carbono en las empresas es un paso esencial en la gestión ambiental, aunque muchas compañías todavía no lo han implementado. Si usted desea comenzar este proceso, aquí le ofrecemos algunas pautas que le facilitarán el camino:
Creación de un inventario de Gases de Efecto Invernadero (GEI)
En primer lugar, para reducir las emisiones de su empresa y combatir el cambio climático es preciso elaborar un inventario de GEI. Este inventario documenta la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos por una empresa, así como las absorciones realizadas por los ecosistemas. Además, es fundamental para calcular la huella de carbono de la organización. Para ello, puede utilizar la Guía para el cálculo de la huella de carbono publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
Las emisiones se clasifican en directas, generadas y controladas por la empresa, e indirectas, que provienen de fuentes externas. Esta distinción es útil para establecer el tipo de alcance de las emisiones, que puede ser de alcance 1, 2 o 3.
Por otro lado, es indispensable que la empresa defina un límite en cuanto al enfoque de control, estableciendo qué operaciones son propiedad o están bajo su control. El inventario también debe tener una delimitación temporal. Usualmente, se utiliza un año base como punto de referencia para la monitorización de las emisiones de GEI.
Cálculo de las emisiones
Para calcular las emisiones que generan la huella de carbono en las empresas existen varias metodologías. Aquí nos enfocaremos en dos principales:
- GHG Protocol. El GHG Protocol, o Greenhouse Gas Protocol Corporate Standard, es un estándar internacional para el cálculo de la huella de carbono que incluye seis tipos de GEI: CO2, CH4, N2O, HFC, PFC y SF6. No es casualidad que los tres últimos estén afectados por el Impuesto sobre los Gases Fluorados. En esencia, el GHG Protocol hace énfasis en la contabilidad y reporte de emisiones y se basa en principios de relevancia, integridad, consistencia, transparencia y precisión. Es ampliamente utilizado a nivel mundial y requiere un seguimiento a largo plazo, con una medición anual que permite comparar las emisiones de diferentes años.
- Herramienta de cálculo de la OECC. La herramienta de cálculo de la Oficina Española de Cambio Climático (OECC) facilita el reporte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Es especialmente útil para organizaciones que no son pymes, asociaciones, fundaciones, cooperativas o parte de la Administración Pública, y en los casos en que el Registro de la huella de carbono no proporciona los factores de emisión necesarios. Ofrece factores de emisión nacionales y permite convertir toneladas de CO2 en CO2 equivalente. Incluso, clasifica las emisiones por etiquetas dependiendo de la huella de carbono: A, B, C o ECO. Es una calculadora abierta y gratuita, proporcionada por el MITECO.
Fijar objetivos científicos
Sin duda, establecer objetivos es imprescindible en cualquier ámbito de la gestión empresarial sostenible, y en el área climática es especialmente crítico. Pero es preciso que los objetivos de reducción de la huella de carbono en las empresas sean cuantificables, medibles y alcanzables en períodos de tiempo razonables. En este sentido, Science Based Targets (SBTi) es una iniciativa líder aplicada en la que participa el Pacto Mundial de la ONU. Este recurso ayuda a las empresas a establecer objetivos fundamentados en la ciencia, comprometiéndose a reducir emisiones tanto a corto como a largo plazo.
Desde luego, que el planteamiento de objetivos no es una tarea sencilla, pero es absolutamente determinante. Fíjese en este dato: apenas un 20% de las empresas españolas ha establecido objetivos públicos, cuantificables y específicos en materia de sostenibilidad. Para apoyar a las empresas en este desafío, el Pacto Mundial de la ONU ofrece varias herramientas, como el SDG Compass, que dedica uno de sus pasos a la fijación de objetivos.
Implementación de medidas de reducción de la huella de carbono en las empresas
Una vez que la empresa ha calculado su huella de carbono y fijado objetivos para reducirla, es momento de implementar medidas. Algunas acciones efectivas incluyen:
- Eficiencia energética. Mejorar la eficiencia energética en las operaciones, utilizando tecnologías más avanzadas y optimizando procesos para consumir menos energía. Por ejemplo, si su actividad económica está relacionada con el procesamiento de alimentos o la elaboración de productos farmacéuticos es necesario contar con sistemas alineados con el concepto de refrigeración industrial sostenible.
- Energías renovables. Sustituir el uso de combustibles fósiles por energías renovables, como la solar, eólica o biomasa.
- Transporte sostenible. Fomentar el uso de vehículos eléctricos o híbridos, y promover el teletrabajo para reducir los desplazamientos.
- Gestión de residuos. Implementar programas de reciclaje y reducción de residuos, disminuyendo así las emisiones derivadas de su tratamiento.
- Compensación de emisiones. Invertir en proyectos de compensación de carbono, como la reforestación o la conservación de bosques, que absorben CO2 de la atmósfera.
Monitorización y reporte continuo
La reducción de la huella de carbono en las empresas no es un esfuerzo único, sino un proceso continuo que requiere monitorización y reporte regular. Al respecto, establecer un sistema de seguimiento permite a la empresa evaluar el impacto de sus acciones y ajustar estrategias según sea necesario. Asimismo, la transparencia en la comunicación de los resultados fortalece la reputación de la empresa y fomenta la confianza entre sus stakeholders.
En consecuencia, reducir la huella de carbono en las actividades productivas no solo contribuye significativamente a la lucha contra el cambio climático, sino que también puede generar beneficios económicos y de imagen a las organizaciones. Adoptar estas pautas es un compromiso con el medio ambiente y una inversión en el futuro sostenible de la empresa y de la sociedad.
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